Es el bodegón vintage de Colegiales por excelencia. Un restaurante que desde su inauguración se puso como objetivo evocar a la memoria emotiva de la gente. Y lo logró. Porque apenas uno llega a Ostende, en la esquina de Superí y Virrey Loreto, revive la nostalgia y los recuerdos de otras épocas. No solo por su nombre, que lleva directamente a los veranos de la costa argentina, sino por su propuesta gastronómica y la ambientación del salón. Platos generosos y que apelan al consumo de productos de temporada que rinden homenaje a los bodegones de antes, con sillas, mesas y lámparas sacados de un salón de los años 70 y una barra con cocina a la vista de todos donde los cocineros y los mozos de Ostende van y vienen sin parar.

Hace unas semanas, Ostende inauguró a su carta algunos platos pensados especialmente para poner en el centro de la mesa, como si fuera la fuente de una casa, y compartir. “Por un lado, lo hicimos para rendir homenaje a los bodegones de antes, con opciones de platos bien caseros y para compartir. Por otro lado, y como la idea de Ostende es reivindicar el encuentro como algo fundamental, buscamos opciones para compartir”, dice Juan Manuel Bidegain, uno de los dueños del restó, que abrió sus puertas una noche fría de junio, en 2023, de la mano de cinco socios con amplia experiencia en el ámbito gastronómico y, específicamente, en las propuestas temáticas. Porque junto con Bidegain también están Gonzalo Freire y Roberto Cardini -dueños y fundadores de Sede Whisky, Madre Rojas y Sifón Sodería-, y Nicolás Sánchez y Esteban Siderakis, dueños y fundadores de la cadena de cafeterías de especialidad Molina Panadería Café.
Con respectos a los nuevos platos de la carta, Bidegain, agrega: “Pensamos una variedad que incluyera platos con carne, pero también vegetarianos. Platos muy caseros, como unos canelones de ricota y acelga que se basan en una receta de la jefa de cocina, Paz Lucero, que suelen hacerse para varios. También opciones de pastas y milanesas”.

Juegos de mesa y mesas de fórmica
Ubicado en una esquina luminosa y arbolada, Ostende exhibe un cartel que imita la tipografía del juego Scrabble y, tanto en la vereda como en todos sus espacios, se lucen las mesas de fórmica de color verde y las sillas clásicas de los setenta, reversionadas para mayor comodidad.
El local tiene dos pisos. Una planta con mesas para dos y cuatro personas, bien distribuidas en el espacio y también contra las ventanas, que siempre son las que primero se ocupan. Allí también está la barra desde donde salen los pedidos. En un rincón, y algo escondida, está la escalera que lleva al primer piso, un lugar ideal para reuniones de más comensales, ya que el primer piso tiene mayor comodidad con mesas unidas que sugieren un encuentro casual en una casa de la costa, por ejemplo. La decoración, ya se dijo, refuerza esta idea: es posible encontrar elementos como pelotas playeras y juegos de Scrabble. También, Ostende cuenta con una terraza con mesas que permiten tomar algo a cielo abierto; además de las mesitas en la vereda, una gran opción recomendada para la época primaveral, ya que no tiene cerramiento ni calefacción al aire libre.
Menún con guiños a las abuelas
El menú de Ostende está diseñado por Paz Lucero, jefa de cocina, y ofrece un recorrido por platos conocidos y muchas veces inspirados en recetas familiares, pero siempre con un toque de autor. Entre las entradas, se destacan las aceitunas marinadas con achiote, naranja y romero, una buena opción para acompañar el vermut antes de comer; una a base de ricota, zucchini, menta, pepino, almendra tostada y vinagreta de naranja; y las clásicas rabas con alioli, que transportan directo a las ciudades costeras.

Como plato principal, los canelones con ricota, acelga y nuez moscada son elaborados en honor a los que preparaba la abuela de Paz Lucero. Entre los más pedidos, está la milanesa de carré de cerdo acompañada de tagliolini con manteca de salvia y alcaparras, y coronada con alioli especial de la semana. También el arroz crocante con langostinos, gremolata de castañas, pickles de cebolla y alioli de rúcula; la pesca del día con puré de papa y coliflor, espinaca y pangrattato, o los fetuccini al pesto de kale con tomates cherry y vinagreta de yogurt. Para el postre, un clásico: almendrado con praliné de almendras y chocolate semiamargo, o tiramisú.
La coctelería es otro punto fuerte del lugar, a cargo de Vir Calderón, una bartender apasionada por su trabajo y con experiencia en barra de reconocidos bares y restaurantes de la ciudad, como Cochinchina y Sede Whisky. La carta de tragos ofrece cócteles que llevan Cinzano Bianco, Rosso y Segundo. También, se puede optar por Limoncello spritz (lemoncello, espumante, salvia y soda), Fruti Fruti (gin, agua de frutillas y lima y albahaca) o el Mito de Ostende (Campari, Rosso, espuma de eneldo y soda), entre otros.
Vinos con identidad criolla
Elías Aguilar Ruiz es el encargado de la selección de vinos, y buscó reivindicar las cepas italianas plantadas en Argentina por los inmigrantes que, en su mayoría, fueron excluidas del mercado masivo. Actualmente, está en pleno diseño de una carta con la que harán una reconstrucción de versiones modernas, siempre con la intención de darles prioridad a las cepas que acompañen la experiencia y que tengan algún tipo de patrimonialidad, como las criollas, la semillón, el malbec y la bonarda.
Ostende ya es un punto de referencia, y el barrio crece también con nuevas propuestas. Una zona en movimiento con un circuito gastronómico en desarrollo, que propone cocina de primera en un ambiente cargado de nostalgia, relajado y en contacto con el barrio.
Dirección: Virrey Loreto 3303, Colegiales.
Días y horarios: lunes a viernes, de 17 a 00; sábados y domingos, de 9 a 1.
Instagram: @ostende_ba