Slider

Oscar Barney Finn: ACE de Oro

El dramaturgo y director fue premiado por su trayectoria y también como director por su trabajo en “Brutus” y “Mármol”. Ocurrió en la 31° ceremonia de los reconocidos premios, que fue transmitida por la TV Pública y conducida por Hernán Parada y Belén Badía. Luego de esa mágica noche, el teatrista dialogó con Palabras. Esta […]

El dramaturgo y director fue premiado por su trayectoria y también como director por su trabajo en “Brutus” y “Mármol”. Ocurrió en la 31° ceremonia de los reconocidos premios, que fue transmitida por la TV Pública y conducida por Hernán Parada y Belén Badía. Luego de esa mágica noche, el teatrista dialogó con Palabras.

Esta semana recibiste el ACE de Oro, máximo galardón otorgado por la Asociación de Cronistas del Espectáculo. ¿Qué te genera recibir este reconocimiento?

Primero agradecimiento ante tanta carga de buena energía, mensajes, llamados, abrazos, deseos felicitaciones y augurios. ¡Ah! ¡¿Que más para una noche en que celebramos al teatro?! La calidez del Nacional… esa noche, será inolvidable. Hace muchos años que participo de estas ceremonias llenas de expectativas, frustraciones y logros, pero siempre inolvidables. No sólo en mis nominaciones sino en la de aquellos que convoqué y con los que logramos conjunciones bendecidas por los dioses. ¿Cómo no evocar los ACE de oro de
Elena Tasisto o Aída Luz? O las distinciones del elenco de “La excelsa”, o la sucesión de obras como “La gata sobre el tejado de zinc caliente”, “Noches romanas”, “Juegos de amor y de guerra”, “Muchacho de Luna”, “La Reina de la belleza” (segunda versión), “El diccionario”, “Reconocernos” y tantas más. Nos hicieron crecer, madurar y proyectarnos, siempre, hacia algo superador. En definitiva, es un reconocimiento que me impulsa hacia el futuro.
Al recibir el premio hiciste referencia al deseo que tenés de continuar con tu tarea creativa.

¿Cuál es motor que te mueve para seguir trabajando?

No es solo un deseo continuar. Es un hecho concreto. Hay posibilidades para el verano, nuevas obras y también escrituras de piezas con temáticas ya investigadas y, quizás, postergadas. No se logra siempre una buena integración. Los egos personales malogran buenos encuentros así que cuando se da, como en el caso de Marcelo Zapata en “Brutus”, lo mejor es continuar. Estoy rodeado de actores con los que deseo reincidir porque, más allá de sus logros como actores en escena, son personas con quien me agrada compartir una mesa o mi casa. Te aseguro que el motor que me mueve es la curiosidad ¡Hay tanto, para conocer o descubrir!

Esa noche hiciste alusión a la importancia de acompañarse en el camino ¿Qué es lo que más valoras de tu extensa carrera?

Acompañarse en el camino. Tuve una suerte inmensa en cada una de las travesías. Desde el cine al teatro, pasando por la TV (estupenda escuela) y la Ópera. Fui cuidadoso en el armado de esos equipos y nunca me decepcionaron. Y si algo fue disonante lo disimulaban los logros. Mis amigos desde la adolescencia ocuparon un amplio espacio. Sólo las partidas inesperadas e inevitables pudieron sacarlos de lo tangible para refugiarse en lo intangible de los recuerdos. Y por encima de todos hubo dos mujeres en mi vida que se jugaron por mis sueños: mi madre Blanca y mi amiga entrañable Julia von Grolman, compañera de aventuras cine y TV. La primera que creyó en mí al coproducir mi primer largo. Hoy Paulo Brunetti ha tomado la posta y hemos logrado producciones que nos llevaron a Chile y New York. Por eso te respondo que los compañeros de vida y de ruta son lo que más valoro en este largo camino.

También recibiste la estatuilla en el rubro Dirección de teatro alternativo por Brutus y Mármol. ¿Qué es lo que te atrapó de cada una de estas piezas?

Lo increíble de esta premiación, como director, es que lo estuve por las dos obras. Una que responde a mis preocupaciones y búsqueda de la identidad que me llevaron hace tiempo a Irlanda. Fui guiado por el gran embajador que tuvimos en la figura de Bernard Davenport. Alentó mis inquietudes, orientó mis búsquedas, y me acercó rica literatura. ¡Qué importante es un buen embajador! Lamentablemente no abundan y se padece la indiferencia cultural. Conocer a Marina Carr fue la resultante de la ultimas búsquedas que primero, me llevaron a Martin McDonagh y “La Reina de la belleza” (que monté dos veces) y, pandemia mediante, me encontré con “Mujer espantapájaros” que dejamos de lado para avocarnos a “Mármol”.

Quizás el trabajo, durante el encierro, que más nos unió fue “Hacia el crepúsculo”. Cada uno desde su casa siguió conectado y pudimos volcar toda la expectativa en “Mármol”. El equipo Mariuzzi, Chiarandini, Moyano y Mariani fue central, como desde hacía años lo fue Lubos, Mosca y Maini en “El diccionario” y Lubos, Chiarandini, Mariuzzi y Dartayete en “La Reina de la  belleza”. Lo destaco porque las circunstancias nos unieron mucho más en la búsqueda, concretamos el trabajo y lo disfrutamos en la sala de El Tinglado que nos dio su lugar.

El tema de “Brutus” es distinto porque fue una propuesta que me había prometido desde que estudié a Julio Cesar. Decidí dejar de lado todo para centralizarlo en la figura de Brutus. Tal como lo expresara Harold Bloom, en su análisis de obra de Shakespeare, es por la importancia que tuvo en la historia. El proyecto nació para ser algo de gran volumen, pero la búsqueda del espacio escénico y la producción fueron agotadoras. El escenario condicionó la idea y así surgió el estupendo espacio de la Payró, como antes lo fue con “Poder Absoluto”. Quizás lo más arduo fue encontrar al coéquipier y no fue fácil. Pero Marcelo Zapata allanó el camino y nos integramos intensamente para contar una historia romana, pero con ecos cercanos. Si todo se diera nos gustaría volver con esta obra a esa misma sala y con el mismo elenco, pero dependerá de los compromisos de cada uno.

Creo que lo que me atrapó en ambas obras fue la posibilidad de experimentar con textos, estéticas, espacios, y actuaciones. Había que abordarlas con estilos muy diferentes y eso era un buen desafío.