“El tiempo compartido entre cuerpos durante una realización escénica tiene la capacidad de cambiar el estado de las cosas, de imaginar posibles, crear realidades, redefinirnos o repensarnos(…)”, escribieron en su libro sobre la performance “El tiempo es lo único que tenemos” las artistas Bárbara Hang y Agustina Muñoz. 

Justamente Consumation, la performance de las coreógrafas Bárbara Hang y Ana Laura Lozza que se presentó en el Espacio Cultural San Andrés, fue la prueba fehaciente de que el tiempo compartido entre los espectadores durante la obra cambió el estado de las cosas

La sala donde va a ocurrir la función está casi vacía. Hay sillas para el público dispuestas en círculo, y en medio una mesa en la que descansan una palangana con agua y un jabón en barra. Será el espectador, devenido en actor, el que armará la escena, la trama de un espectáculo donde cada uno es libre de participar o no. 

Es que si hay algo inherente a la performance es la pregunta por lo real, en otras palabras: la búsqueda del intersticio de lo real. Porque es en ese intersticio donde tiene lugar el hecho vivo; un hecho vivo que encuentra su máxima expresión en el cuerpo, y por lo tanto en la acción de ese cuerpo. 

Rara en su especie, Consumation puede resultar una performance arriesgada, incluso sencilla, para lo que la escena porteña acostumbra a ofrecer. La obra deja de lado la representación para pasar a ser una experiencia. Es un acto de fe en el tiempo compartido entre los asistentes que van a verla. Es un acto colectivo y ritual, donde lo que ocurre cada función es único e irrepetible, más que nunca. Es una performance que no tiene un tiempo exacto de duración, porque dura el tiempo que lleve esa consumación colectiva. Es una obra para estar simplemente ahí, en ese lugar. Una obra vacía de palabras y sin embargo uno sale, como espectador, repleto de preguntas e imágenes, que te asaltan inesperadamente, después de días de verla. 

¿Qué es lo inútil? ¿Qué fin persigue el teatro o la performance? ¿En qué se transforma un espectador que actúa? ¿Para qué usamos el tiempo de nuestra vida? ¿Por qué esa ansiedad por consumir, por acabar, por que algo se termine? ¿Qué nos dice eso de nosotros? Y sobre todo: ¿qué empieza cuando algo termina? 

En una sala donde parecía no haber nada, ocurrió algo que fue real. Hubo destellos de gente que se paró a participar, y gente que solo observó. Hubo un objeto que se consumió, se deshizo, frente a los ojos de un público expectante. Consumation es una obra actual e ineludible, donde el tiempo se pone en pausa para realizar, entre todos los presentes, una sola acción. Un momento íntimo, donde uno cree estar viéndose en un espejo y ver allí, como una imagen traslúcida, la sociedad productivista de hoy, la ansiedad galopante que nos acecha y también, al final, ese suspiro necesario, la posibilidad de hacer las cosas con más calma; dejar que el tiempo se consuma a su propio tiempo.