Daniel Divinsky, una de las personalidades más influyentes del ámbito editorial argentino, falleció a los 83 años. Abogado de formación pero editor por vocación, fue el creador de Ediciones de la Flor, sello emblemático que supo captar el pulso intelectual de distintas épocas y que albergó a grandes figuras de la literatura, el humor gráfico y el pensamiento crítico. Su mirada atenta y su instinto cultural lo convirtieron en un editor único, respetado y querido dentro y fuera del país.
Divinsky había nacido en Buenos Aires en 1942 y, pese a haber estudiado Derecho, desde joven se sintió atraído por los libros. Su ingreso al mundo editorial fue casi fortuito: quiso abrir una librería junto a Jorge Álvarez y Oscar Finkelberg, pero como no pudieron, fundaron una editorial. El proyecto tomó vuelo con publicaciones de autores como Cortázar, Walsh y Marechal, pero el punto de inflexión llegó en 1970, cuando Ediciones de la Flor lanzó la primera recopilación en libro de Mafalda, éxito que le permitió a Divinsky abandonar la abogacía y dedicarse por completo a su verdadera pasión.
El compromiso de Divinsky con la cultura lo convirtió también en blanco de la censura. Durante la última dictadura militar, fue detenido junto a su entonces pareja y socia, Kuki Miller, por publicar un libro infantil que el régimen consideró subversivo. Tras cuatro meses en prisión, ambos se exiliaron en Venezuela, desde donde siguieron promoviendo la palabra y el pensamiento crítico. A su regreso, Ediciones de la Flor retomó su lugar en el escenario literario con un catálogo ecléctico y arriesgado, siempre guiado por el olfato editorial de su fundador.
Más allá de su aporte como editor, Divinsky fue un puente entre autores y lectores, un hacedor de cultura que confió en su intuición y sensibilidad para abrir caminos a nuevas voces. Su legado no solo vive en los libros que publicó, sino también en una manera de pensar la edición como un acto de resistencia, libertad y amor por las ideas.