“La persistencia es un movimiento sigiloso que acompaña a las bibliotecas. Una fuerza que se sostiene en la confianza en que habrá nuevos lectores e intérpretes de los libros, diarios, revistas, incunables, manuscritos, fotografías, mapas y archivos dispares que resguardan cada una de sus salas. Y cuando este encuentro se produce, promovido por la curiosidad investigativa o la azarosa contingencia, los materiales que pueblan los anaqueles olvidados recobran su brillo singular”.
Esa es la apuesta de Fondos, la nueva colección de la editorial de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Su propuesta es simple y ambiciosa a la vez: publicar una porción de los archivos y colecciones que ella custodia con la expectativa de que, al reponer ese acervo en el vértigo de los acontecimientos, se abra una nueva posibilidad para el pensamiento crítico y la experiencia colectiva.
Dos salas, dos mundos
Los tres libros que inauguran la colección, ya en circulación, provienen de dos áreas fundamentales de la Biblioteca Nacional.
La Fototeca Benito Panunzi, creada en 2001, alberga un archivo fotográfico que constituye uno de los principales reservorios del país para el estudio del pasado reciente. Sus materiales incluyen desde daguerrotipos y ambrotipos del siglo XIX hasta los negativos de los diarios Crónica y La Voz. El fondo cuenta con más de 30.000 fotografías tomadas desde 1880 hasta mediados del siglo XX. La sala lleva el nombre de Benito Panunzi en homenaje a la primera imagen que la Biblioteca compró para que formara parte de su acervo.
La Sala del Tesoro Paul Groussac, en el tercer piso, resguarda las piezas más antiguas, raras y valiosas de la institución. Incunables, entre ellos una hoja de la Biblia de Gutenberg de 1454, manuscritos de grandes figuras de la literatura argentina como el cuaderno de bitácora de Rayuela de Julio Cortázar o el manuscrito de Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes, y las colecciones fundacionales de la Biblioteca Pública de Buenos Aires, antecedente de la actual Biblioteca Nacional.
Oliverio Girondo: el cuaderno de viaje que esperó casi un siglo

En 1929, Oliverio Girondo emprendió un viaje a Egipto. El gran poeta vanguardista, que ya había recorrido Europa y absorbido las vanguardias, llevaba consigo varios cuadernos de apuntes. Allí registró los lugares visitados, las impresiones, los dibujos. Fue un viaje de dos meses, entre enero y febrero de ese año, a bordo del lujoso transatlántico italiano Esperia. Esos cuadernos quedaron guardados durante décadas, nadie los había publicado.
En 2018, la Biblioteca Nacional los incorporó a su acervo mediante una compra. Y ahora, por primera vez, ven la luz en Oliverio Girondo, Viaje a Egipto. El volumen reúne los manuscritos originales, con dibujos incluidos, que documentan su travesía por el país africano.
La decisión de publicarlos no es menor. Supone no solo ofrecerlos al público lector, sino también percibir nuestra condición de habitantes de un tiempo cifrado entre estos legados centenarios y la incertidumbre respecto a la época que vendrá. Es la misma apuesta que sostiene a toda la colección Fondos: la confianza en que el pasado, cuando se lo deja hablar, tiene algo para decirnos sobre el presente.
Grete Stern y el inconsciente colectivo de las lectoras de Idilio

En octubre de 1948, la revista Idilio salió a la calle. Se definía a sí misma como “una revista juvenil y femenina”. Asimismo, desde el primer número, su sección El psicoanálisis te ayudará invitó a las lectoras a responder un cuestionario de veintiocho preguntas y a relatar el sueño que más les había impresionado. La convocatoria fue un éxito inmediato. La redacción se llenó de cartas de mujeres que necesitaban hablar sobre sus frustraciones, sus miedos, sus fantasías y sus sueños hasta ese momento inconfesables.
Los sueños se convirtieron en la materia prima de la sección. El psicólogo social Enrique Butelman respondía a las lectoras, mientras el sociólogo Gino Germani interpretaba los sueños. Ambos se ocultaban bajo el mismo seudónimo: Richard Rest.
Pero la pieza clave era Grete Stern. La fotógrafa alemana, formada en la Bauhaus y radicada en Argentina desde 1936, era la encargada de hacer una versión visual de esos relatos oníricos. ¿Cómo se ilustra un sueño? ¿Cómo se fotografía un recuerdo? Influida por el surrealismo y su formación vanguardista, Stern propuso utilizar la técnica del fotomontaje. Cada semana experimentaba en su laboratorio, modificaba proporciones y perspectivas, alteraba la noción de realismo y creaba escenas imposibles que intentaban representar el inconsciente colectivo de las lectoras de Idilio.
El libro Grete Stern. Pruebas de laboratorio, publicado gracias a una donación recibida por la Fototeca en 2023, recupera ese proceso. No son solo los fotomontajes terminados, sino las pruebas, los ensayos, el laboratorio en acción. Una ventana al método de una artista que supo traducir en imágenes lo que las palabras no podían decir.
Retorno 1983: el año que fue muchos años en uno
La Fototeca Benito Panunzi, uno de los principales reservorios fotográficos del país, alberga los negativos de redacción de los diarios Crónica y La Voz. De ahí surgió Retorno 1983, una selección de imágenes que capturan un año que fue muchos en uno: la vida cotidiana, el apremio de la economía, la banalidad, la denuncia desesperada, la esperanza.
La muestra que inspiró el libro, la cual estuvo expuesta en la Biblioteca Nacional hasta marzo de 2024, reunió doce fotografías en blanco y negro de ese emblemático año. Pero el libro va más allá. Esa selección inicial fue ampliada y enriquecida gracias a la inagotable colección de negativos que componen los archivos de redacción de la Editorial Sarmiento, responsable de la edición del diario Crónica y también del periódico La Voz de Todo lo que Pasa en el Mundo.
Es una indagación sobre cómo la fotografía, como el recuerdo, congela en imágenes poderosas, ambiguas y significativas aquello que fue móvil, fugaz, pequeño y provisorio. Cuando emergen, pueden producir efectos inesperados. Las fotografías tienen la potencia no solo de desarreglar el presente, sino de deshacer también el pasado tal y como uno supone que había sucedido.