Entrevistas

José Miguel Onaindia:»En Argentina estamos viviendo una crisis por no saber instrumentar un estado de Derecho»

Abogado, gestor cultural, docente y ensayista, “espectador de cine, artes escénicas y visuales. También nómade y lector compulsivo”, como el mismo se define, José Miguel Onaindia, fue uno de los primeros referentes de la cultura iberoamericana en pronunciarse en torno al DNU dictado por el presidente de la Nación, Javier Milei, y la ley ómnibus […]

Abogado, gestor cultural, docente y ensayista, “espectador de cine, artes escénicas y visuales. También nómade y lector compulsivo”, como el mismo se define, José Miguel Onaindia, fue uno de los primeros referentes de la cultura iberoamericana en pronunciarse en torno al DNU dictado por el presidente de la Nación, Javier Milei, y la ley ómnibus que envió al Congreso.

Para conocer en profundidad su visión sobre estos dos instrumentos que están marcando el pulso de la discusión pública en la Argentina, y especialmente, su mirada sobre las reformas que proponen en el ámbito de la cultura, Palabras dialogó con José Miguel Onaindia.      

Como referente de la cultura, pero también en tu rol de Profesor de Derecho Constitucional fuiste de las voces que primero alertaron públicamente sobre los peligros del DNU y la Ley Ómnibus del gobierno de Milei ¿por qué lo hiciste? 

Mi primera reacción fue con el DNU del presidente, que realmente me sorprendió, me pareció un acto innecesario. Todos tenemos conciencia de que la situación económica y social de Argentina es muy grave, pero para eso el presidente tiene la potestad de convocar al Congreso y discutir allí las medidas que crea necesarias en sesiones extraordinarias.

Desde la cultura cívica o la cultura política vinculada a las instituciones lo que hizo con ese DNU, y posteriormente ratificó con la Ley ómnibus, es una desmesura o una exageración de los defectos que muchos habíamos marcado en el menemismo de los años 90, o el kirchnerismo en el siglo XXI, y a los que muchas voces nos habíamos opuesto, por esa ausencia de respeto por la separación de poderes, ese rol un poco básico del Congreso, etc.

Creo que el presidente tenía la oportunidad, sobre todo al carecer de mayorías parlamentarias, de dar otra visión, que no era precisamente la de usar las facultades excepcionales en forma absolutamente desmesurada, porque aquí lo que hay es un uso de facultades, que se dan en forma excepcional en la Constitución, y se usan en forma absolutamente exagerada, sin explicar cuál es la necesidad y la urgencia para modificar una cantidad enorme de normas y de leyes.

Yo creo que en ambos casos se produce una clara lesión al sistema constitucional. . La ley ómnibus tiene otros problemas, además, pero es una iniciativa de ley que contiene una enorme cantidad de delegaciones legislativas, que es la otra forma en que el Congreso se desliga de sus facultades propias, algo que, justamente, causó dos de las grandes crisis que tuvo la Argentina de los últimos años: la crisis del 2001, con lo que se llamó el Decreto Cavallo, que fue una delegación legislativa, y lo mismo sucedió en el 2009 con la Resolución 125, que genera la crisis con el campo.

Creo que aquí se cometen los mismos excesos que se cometieron antes multiplicados y amplificados, se deja sin voz a la enorme cantidad de gente que no votó al presidente, y también a los que, aun votándolo en segunda vuelta, no fueron electores en primera.

Las facultades constitucionales excepcionales parten de la prohibición con vicios de nulidad y con posibilidad de considerar un delito constitucional el pedido de la suma del poder público, realmente hay que interpretarlas y ejercerlas con carácter absolutamente restrictivo.

Creo que además un gobierno recién electo siempre genera un tiempo de tregua, algo que se desaprovecha aquí, y se vulnera el espíritu republicano.

¿Y cómo ves la reacción inicial frente a estos cuestionamientos?

También hay allí otra cuestión que está conectada con las formas, que es esta forma tan desmesurada, tan enojada de actuar, con un desprecio que casi pone a los que no piensan igual, a los que no acompañan, en un campo enemigo, que no son, justamente, las reglas de la democracia. En la democracia hay personas que no piensan igual, no votan igual, tienen criterios dispares, pero no están divididas como en un campo de batalla.

Vemos también la utilización de un lenguaje, la utilización de un modo hiperbólico, innecesariamente grandilocuente, que tampoco tiene que ver con los modos que tiene una república democrática.

No es la primera experiencia, la Argentina vive siempre en un síndrome de colapso, siempre está la sensación de que estamos por colapsar, pero realmente la historia demuestra que se puede salir de otras maneras, y lo digo con toda la esperanza de que esta situación se rectifique, por eso es interesante que salgan voces pacíficas, que llamen la atención.

Específicamente en torno a las instituciones culturales ¿cuál es tu mirada sobre las reformas propuestas?

 Lo del Fondo Nacional de las Artes es realmente un acto de desconocimiento de lo que significa la historia cultural de la Argentina, porque se elimina un organismo que fue imitado por los Estados Unidos de Norteamérica, a los que mucha gente que integra este gobierno dice admirar. Realmente el Fondo motivó una conversación entre Kennedy y Arturo Frondizi para ver cómo funcionaba este sistema tan original, que fue una propuesta de Victoria Ocampo, de que el arte contemporáneo, el arte de las nuevas generaciones, fuera sostenido por lo que producían las generaciones anteriores. 

Este dominio público pagante, que es un término muy técnico, son los derechos de autor que caen en el dominio público, y que sin embargo pagan un canon muy inferior al que pagan las obras de los autores vivos, o las obras protegidas, precisamente para sostenerlas.

Es un modo de financiamiento que funciona en Argentina y en Uruguay, que tuvo resultados magníficos. Del Fondo Nacional de las Artes se nutrieron los artistas de las vanguardias de la década del 60, las vanguardias posteriores en todas las ramas de las artes, que realmente fue sustancial para promover la creación contemporánea, para cuidar el pasado, para investigar sobre el arte argentino.

Resulta, además, absolutamente inconcebible y una enorme contradicción que un gobierno que ya había designado un nuevo director del Fondo Nacional de las Artes, a las pocas semanas dicte una ley por la cual elimina el organismo. Me parece también llamativa esa discordancia entre convocar a nuevos funcionarios y disolver el Fondo.

¿Y en torno al Instituto Nacional del Teatro y el INCAA?

También creo que plantear en una ley ómnibus la desaparición y la eliminación del Instituto Nacional de Teatro es desconocer la función que ha cumplido ese organismo, que es mucho más reciente que el Fondo, porque es del año 1998, pero que durante estos 25 años de vigencia ha ayudado a la comunidad teatral federal de todo el país a mantener sus estructuras, financiar proyectos, organizar festivales, promocionarse en el exterior. Podemos discutir los mecanismos, decir que son leyes que hay que aggiornar, pero es un error plantear de esta manera la disolución.  

En lo que hace específicamente al Instituto Nacional de Cine, creo que el proyecto no solamente reduce sustancialmente los ingresos del Instituto, lo que hace que la producción audiovisual en la Argentina sufra un golpe muy severo, sino que realmente atrasa porque es una reforma que sigue concibiendo el cine como en el siglo pasado, cuando en este siglo ya no podemos ni hablar de cine, porque es una antigüedad el término, hay que hablar de audiovisual, hay nuevos y grandes productores audiovisuales, que no están incluidos en la ley, y que debían ser incluidos, como son las plataformas.

Realmente la norma parte de un desconocimiento del mundo audiovisual, y no se entiende bien el objetivo de dejar un Instituto desfinanciado, con una financiación muy corta, que solamente ve y concibe el cine como se producía en el siglo pasado, y como un fenómeno industrial y no cultural.

La ley tampoco observa que hay determinadas formas de obra audiovisual que son esenciales para la memoria, para la historia, para la identidad del país y que necesitan una financiación del estado, porque no son obras que se vayan a sostener por venta de entradas en salas, es un fenómeno que afecta a una parte importante de la producción audiovisual y no está previsto en esta reforma de ley.

¿No ves nada rescatable en las propuestas entonces?  

La reforma que propone en materia cultural esta ley ómnibus no tiene precedentes, arrasa con instituciones como el Instituto del Cine, que data de 1957, el Fondo Nacional de las Artes que es de 1958, la Conabip, que es creada por Sarmiento en el siglo XIX. No creo que esa permanencia torne intocables a las instituciones, sino que eventualmente si se pensaba que no estaban dando el fruto que deberían, esto podía haberse discutido primero.

Esto no surgió de un debate parlamentario, surge de la voluntad de un presidente que asumió hace menos de 20 días, y del que tampoco conocíamos una plataforma muy clara en materia cultural, se había hablado muy poco en la campaña de este tema. Entonces esta reforma tan virulenta del sistema realmente llama la atención y espero que los legisladores tomen estas leyes y les den un estudio muy especial, porque se está alterando algo que en la Argentina es fundamental.

Sobre el INCAA creo que el sistema debía ser reformado, que es una ley muy antigua, una ley además cuyo texto venía de una ley dictada en la dictadura de Onganía, efectivamente sostuve esto cuando me tocó dirigir el instituto hace 23 años, creo que se necesitaba modificar la ley, pero no en el sentido que propone esta reforma legislativa.

¿Cómo se ve esto en el exterior?

Hay una sensación de sorpresa porque la producción cultural de la Argentina, tanto en teatro como en cine, como en literatura, en pintura, siempre se ha mantenido en un lugar de prestigio. Entonces este ataque de un gobierno recién electo a la mayoría de las instituciones culturales ha causado realmente una sensación de estupor en los medios de prensa y en todos los agentes, especialmente iberoamericanos, que es con los que tengo un trato casi cotidiano. Sorprende porque si hay algo que identifica a la Argentina como un país relevante es precisamente su cultura en todas las áreas. 

¿Qué esperas en este punto?

Realmente espero que los legisladores y el mismo gobierno recapacite, siempre hay una cierta presunción de que los organismos estatales son ineficaces, son ineficientes, gastan de más, etc. que en muchos casos es cierto, no digo que no, pero se necesita un estudio más profundo y realmente con menor animosidad.

Argentina necesita salir de esta sensación de colapso, de este clima de exasperación, y frenar el avance del ejecutivo sobre el Congreso, porque creo que en realidad lo que está sufriendo la Argentina a 40 años de la recuperación de la democracia es que nunca pudo instalar el sistema constitucional en la forma que la Constitución lo desea. En Argentina estamos viviendo una crisis por no saber instrumentar un estado de Derecho, me parece que eso es lo fundamental, mucho más que lo económico y lo social, que es gravísimo, porque impacta en la vida de muchas personas, pero creo que es muy importante la defensa de las instituciones 

Por otra parte, y me acompaña en esto la historia contemporánea, los países que tienen calidad institucional tienen calidad de vida, los países con mayor calidad de vida son los que tienen instituciones que funcionan bien, ahí se logra un mejor estándar de vida, una prosperidad más igualitaria, etc.