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Cruzar la Línea: Historias de fútbol e inclusión

Hace más de 20 años que Giuliano Baruzzo, actual director de Metodología en la Fundación River, se dedica a poner el cuerpo y el alma a diferentes proyectos de inclusión social, donde el deporte juega un rol fundamental.  Fue coordinador y fundador del Club María Madre en Villa La Lata en Rosario, es alma mater […]

Hace más de 20 años que Giuliano Baruzzo, actual director de Metodología en la Fundación River, se dedica a poner el cuerpo y el alma a diferentes proyectos de inclusión social, donde el deporte juega un rol fundamental. 

Fue coordinador y fundador del Club María Madre en Villa La Lata en Rosario, es alma mater de la Fundación Cruzar la Línea, y creador de su primera Casa Deportiva, un espacio  de fusión entre un hogar de menores y una pensión de fútbol para adolescentes en situación de hipervulnerabilidad, que funciona en Rosario desde 2021.

Como síntesis de los aprendizajes, experiencias e historias que atraviesan y conforman cada uno de esos proyectos Baruzzo escribió Cruzar la Línea, un libro que, como él nos cuenta, invita a dar el paso, “cruzar la línea, involucrarse, embarrarse un poco y crear un mundo donde quepan muchos mundos”.

Para conocer algo más de Cruzar la Línea y las historias que lo habitan Palabras dialogó con Giuliano Baruzzo.

¿Cómo surge Cruzar la Línea?

Cruzar la línea es un libro que recopila un conjunto de experiencias, historias, aprendizajes que fui transitando después de trabajar muchísimos años, más de 15, en proyectos de inclusión social, sobre todo, en los años previos a la pandemia en Villa La Lata, en Rosario, en el proceso de fundación del Club María Madre, y posteriormente en Buenos Aires, en la  Fundación River, donde me sumé como coordinador deportivo para replicar una parte de esas experiencias en distintos barrios de la ciudad de Buenos Aires utilizando al fútbol como una herramienta de inclusión social. 

En el momento que arranca la Pandemia con la Fundación River empezamos a brindar asistencia alimentaria en una serie de barrios, yo algunas veces sacaba fotos y las subía a Instagram contando lo que hacíamos, y a partir de eso me escribe un amigo preguntándome cómo puede ayudar. Le cuento, y me dice una frase que me marcó: “Los que trabajan todo el tiempo en la inclusión social tendrían que poder ayudarnos a los que no sabemos, contándonos cómo hacerlo”. 

Así, concretamente, surge esta idea de escribir un libro que recupera historias de los distintos proyectos en los que me tocó trabajar, anécdotas, experiencias, y que sirve para aquellos que por ahí o quieren ayudar y no saben cómo, o para los que están ayudando, yo los llamo los desordenados, porque lo hacen, pero por ahí se filtra esa ayuda porque, justamente, están desorganizados. 

Se llama Cruzar la línea, porque habla de dar un paso al frente, de pasar del preocuparse a ocuparse, de envalentonarse.

 

¿Cómo estructuraste este mix de experiencias, historias y enseñanzas? 

El libro está estructurado en tres partes Aprender a Aprender, que  tiene que ver con los primeros proyectos de inclusión social donde trabajé y me encontré con este nuevo mundo, con la experiencia de conocer, descubrir y aprender qué era esto de la ayuda social. 

La segunda parte es Aprender a Enseñar, que cuenta la historia del proyecto de La Lata, que ya me tocó coordinar y fue todo un nuevo desafío. 

Por último, la tercera parte, es Enseñar a Enseñar, y tiene que ver con el trabajo en la Fundación River, donde estoy a cargo del equipo de profes para empezar a replicar estos modelos. 

Es un libro muy fácil de leer, con historias concretas que no son teorías, sino que están escritas con el corazón en la mano, en un lenguaje sencillo para que la gente pueda encontrarse en esos lugares donde yo me encontré y desde ahí descubrir que existen un montón de maneras de ayudar y motivarlos a dar el paso, cruzar la línea, involucrarse, embarrarse un poco y crear un mundo donde quepan muchos mundos.

Contame un poco sobre Aprender a Enseñar y la Fundación del Club Atlético María Madre de La Lata

El club surgió con el objetivo de generar un espacio donde el futsal funcione como un deporte de inclusión para los jóvenes del barrio, lo realizamos en conjunto con la Parroquia María Madre de la Iglesia, con quienes desde 2015 trabajábamos en un centro de vida, pero nos faltaba algo más, Así que en 2016 empezamos a ir a las canchitas y a los colegios de la zona para proponerles a los chicos que se sumen. Cuando vimos que los pibes se empezaron a enganchar, pensamos en institucionalizarlo y hacerlo un club. El ingreso de María Madre al futsal se dio en 2017, cuando pudo jugar en Arofusa con las categorías Preinfantiles, Infantiles y Menores.

Ese boom hizo que los chicos más grandes, que estaban en la calle y habían dejado la escuela, se quieran sumar. Entonces, la exigencia desde el club era que se integren a la EEMPA (Escuela de Enseñanza Media Para Adultos) del club para terminar los estudios y que dejen las drogas los días de entrenamiento y de partido. 

En 2019 se concretó la participación de María Madre en los torneos de la Asociación Rosarina de Fútbol (ARF) y en cuatro meses hicimos una movida descomunal, en la que generamos dinero y recibimos donaciones de empresas amigas.  y logramos tener una cancha espectacular. 

El libro cuando sale termina siendo también un éxito, porque detrás estaba la posibilidad de colaborar con el club,  donde en ese momento estábamos haciendo los vestuarios. Ahora, en tanto, es para colaborar con la Casa Deportiva de la Asociación Civil Cruzar la Línea.

 

¿Un nuevo proyecto?

Después de tantos años de trabajo en La Lata ví que era necesario crear un dispositivo que trabaje 24-7 con los pibes. Nosotros en el club trabajamos desde las 9 de la mañana hasta las 11 de la noche, pero ese lapso de las 11 de la noche a las 9 de la mañana la calle nos daba vuelta al partido y nos ganaba 4-0. 

Los pibes con menos referencias familiares se la pasaban callejeando a esas horas y la oferta a la calle era mucho más tentadora. Nosotros le ofrecemos estudiar, esforzarse, laburar, la calle les ofrecía salir a tirar tiros y ganarte una changuita, vender droga y ganarte una changuita. 

El gran problema de los pibes no es la droga como se suele pensar. El gran problema es que la mayoría de los pibes de los barrios populares no tienen referencias familiares fuertes y al no tener referencias familiares no desarrollan hábitos. 

Cuando yo era chiquitito me bañaba porque mi mamá me decía que me vaya a bañar. Iba a la escuela porque mi mamá me decía que tenía que ir a la escuela, comía porque, más allá de tener el plato de comida, mi vieja me decía que tenía que comer. Cuando uno no tiene a alguien que le marque esas cosas, tarde o temprano deja de ir al colegio, generalmente cuando empieza a ir a la mañana en el secundario. Al no ir al colegio, y no desarrollar hábitos empieza a tener un montón de tiempo en la calle. Ahí aparece la droga y la delincuencia. 

Entonces empiezo a pensar un dispositivo para estos chicos que estaban en riesgo, que nosotros que estábamos en los barrios sabíamos que tenían todos los números comprados para caer en ese círculo vicioso, para darles un espacio donde se los contuviera, se asegurara su escolaridad, se asegurara su alimentación, se asegurara su posibilidad de acceso al deporte. Pero sobre todo se les generaran los hábitos para que el día de mañana puedan desarrollar un proyecto de vida. 

Así surge la Asociación Civil Cruzar la Línea que crea la primera casa deportiva, que se inauguró en el año 2021, como una fusión entre un hogar de menores y una pensión de fútbol, que conjuga lo mejor de cada uno. Por un lado, les da un espacio de contención a pibes en contexto de hiper vulnerabilidad, pero bajo una dinámica que es la de una pensión de fútbol, que a los chicos los motiva muchísimo. 

 

Obviamente que el objetivo no es tener a los pibes ahí para sacar el futuro Messi, sino garantizar que puedan desarrollar un proyecto de vida basado en valores, en hábitos, en conductas y en responsabilidades. Garantizar un espacio de crecimiento sano, de vínculos sanos, de vínculos saludables. Garantizar su alimentación, garantizar su escolaridad. 

La casa queda en Rosario y tiene lugar para ocho chicos. En la provincia de Santa Fe existen 94 dispositivos para menores de edad. Todos son para chicos que provienen del sistema penal o judicial: menores que caen presos y no los pueden meter en cárcel, o que  están judicializados y el Estado se los saca a las familias porque sus derechos fueron vulnerados. En ambos casos el Estado llegó tarde y mal. Justamente lo que nosotros buscamos es prevenir. 

La Casa es un dispositivo preventivo. Caminamos los barrios o hacemos alianzas con organizaciones que patean los barrios, y así sabemos que está Josecito, que tiene todos los números comprados para empezar a consumir, para empezar a delinquir. La idea es sacar del barrio a Josecito antes de que eso suceda y darle esta oportunidad. Los chicos ingresan en edad secundaria, se escolarizan, viven en la casa con un equipo de trabajo armado con psicopedagogas, psicólogos, trabajadoras sociales, cuidadores, tutores, y hacen deporte en un club: futsal, tenis y natación.

¿Y en el medio se viene un libro más? 

Sí, seguramente en febrero o marzo saldrá A tiempo, un nuevo libro que cuenta la historia de un montón de personajes que crucé del otro lado de la línea y que con su accionar transforman el mundo. También está todo lo que fue el desarrollo de la Casa Deportiva, y cómo la vida de todos estos jóvenes que viven ahí se va transformando día a día. 

Junto con el libro estamos trabajando en un canal de YouTube y de Spotify con un podcast, donde están algunas de estas historias combinadas con la música de Victoria Alancay, una música rosarina, folclorista, que le pone ritmo a algunos de los textos que vamos escribiendo. 

Tenemos la ilusión de que en marzo salgan estos dos proyectos, que obviamente tienen como objetivo seguir motivando y seguir alentando a la gente, en este contexto de Argentina, a dar una mano, involucrarse y ayudar a los que menos tienen, y por otro lado a que todo lo recaudado sirva para seguir manteniendo la Casa.

¿Mientras tanto cómo se accede a Cruzar la Línea?

Pidiéndolo directamente en Instagram gbaruzzo, o cruzarlalinea. El libro es una publicación completamente independiente. Lo vendimos en bicicleta, en auto, repartiéndolo a mano con el equipo de voluntarios. No tiene un precio, cada uno lo paga lo que considera.