Una foto de cuando era bebé. Sus anteojos, un cenicero de metal dorado con forma de zapato. También un casete naranja, un dibujo, un sombrero negro y una pipa con la boquilla mordida. Son decenas de objetos personales, nunca antes exhibidos en el país, que pertenecieron al escritor Julio Cortázar y que aterrizaron en Buenos Aires para formar parte de la muestra Comienzo del Juego, que se inauguró la semana pasada y que podrá visitarse hasta mañana, de 13 a 22, en el Centro Cultural Recoleta.
En el marco del “Año Cortázar”, en el que se conmemoran los 110 años de su nacimiento y los 40 de su muerte, el Recoleta invita al público a interactuar con obras de arte e instalaciones sonoras y a conocer las historias detrás de cada pieza, exhibida en las salas J, C y Cronopios. La propuesta es lúdica para que el abordaje de la vida y la obra del autor de Rayuela resulte accesible a todo público y a cualquier edad, y las salas se conectan mediante una serie de pasadizos que conducen a escenas de relatos como “Casa tomada” y “Continuidad de los parques”. A criterio de los curadores (Maximiliano Tomas, director del centro cultural; el crítico Pablo Gianera y Rodrigo Alonso, convocado para la sección artística), la biografía del escritor se presenta en dos grandes etapas: desde su infancia hasta su viaje a Francia en 1951 (sala J) y los años de consagración hasta su muerte en 1984 (en la C).

El Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires viene desarrollando a lo largo del año una serie de homenajes al autor. El Recoleta le dedicó ciclos de cine, charlas con escritores, artistas y críticos y corona el año con esta exhibición, que se despliega en el amplio espacio, bautizado en 1994 en su honor, como salas Cronopios, J y C.
Dibujos, cartas y voces
Desde fotografías y objetos personales que se exhiben por primera vez hasta dibujos de su autoría, cartas manuscritas y mecanografiadas, dos cortometrajes realizados para esta muestra por el cineasta Eduardo Montes-Bradley en base a imágenes registradas por el propio Cortázar, una instalación sonora, audios originales y una selección de fragmentos de su obra.
La sala J se centra en los años de su infancia en Banfield y de su juventud, cuando ejerció la docencia, escribió sus primeros textos, comenzó a publicar y desarrolló una pasión voraz y ecléctica por la lectura. La sala C refleja su vida en París, donde llegó en 1951 a los 37 años y se consagró como escritor.
El túnel como concepto esencial
Un gran túnel ideado por el curador Rodrigo Alonso en Cronopios une las dos salas laterales. No es caprichosa la idea de un túnel que funcione como pasaje, ya que se trata de un concepto esencial en la obra cortazariana. Que el visitante pueda recorrerlo sin seguir un único sentido sino múltiples, dejándose llevar de manera azarosa y lúdica por ese camino serpenteante, llegando a diferentes espacios, se vincula con el carácter lúdico y fantástico de muchos de sus cuentos y novelas.

El público se encontrará allí con obras de artistas argentinos de distintas generaciones: Marta Minujín, Edgardo Giménez, Pablo Suárez, León Ferrari, Graciela Taquini, Jorge Macchi, Fermín Eguía, Paula Toto Blake, Nadia Guthmann, Gisela Banzer y Mildred Burton, entre otros. Un total de 25 creadores (hay un único extranjero, el chileno Hugo Covarrubías) presentan sus creaciones en esta sala imbuida de un espíritu de divertimento y fantasía.
En el sitio www.museodelescritor.com/autores figura la lista completa de los autores homenajeados en este original museo. Además de Cortázar, conservan piezas y documentos de Aurora Bernárdez, esposa del autor y albacea de su obra hasta su muerte en 2014. Ella fue quien les donó la mayoría de los objetos que se pueden ver en el Recoleta. Entre ellos, un cartel negro con una flecha blanca, los apellidos de ambos y una frase en francés que indica: “Toque la puerta de vidrio de la derecha”.
La muestra se puede visitar hasta mañana, de 13 a 22, y la entrada es gratuita para residentes argentinos.