Entrevistas

Camila Perochena: “Todos los presidentes de la Argentina suelen verse a sí mismos como refundacionales”

Menos de una semana después de la asunción del nuevo presidente de los argentinos, cuando el foco del análisis está puesto en la viabilidad y las consecuencias económicas y sociales de sus primeras medidas, Palabras se propuso, de la mano experta de la historiadora Camila Perochena, volver solo unos días atrás, para repensar aquello que […]

Menos de una semana después de la asunción del nuevo presidente de los argentinos, cuando el foco del análisis está puesto en la viabilidad y las consecuencias económicas y sociales de sus primeras medidas, Palabras se propuso, de la mano experta de la historiadora Camila Perochena, volver solo unos días atrás, para repensar aquello que vivimos el domingo 10 de diciembre a la luz de la historia argentina.

¿Cuáles fueron en el acto de asunción de Milei y en su discurso inaugural a la Nación las continuidades? ¿Cuáles son las rupturas? ¿Con qué pasado rompe el presidente? ¿Cuánto de aquellas palabras siguen en vigencia? Son algunas de las preguntas que analiza Perochena, iluminando con cada respuesta algo más este presente.

¿Cuál es la importancia en términos simbólicos del acto de asunción presidencial? 

Los actos de asunción son simbólicamente muy importantes porque son la primera vez que el presidente se dirige a la Nación, y allí podemos analizar cómo se dirige, a través de quiénes, a quiénes legitima como intermediarios entre él y la Nación.

En el caso de Milei una particularidad en este acto fue que decidió no dar el discurso frente a la Asamblea Legislativa, sino directamente frente a sus seguidores en la plaza del Congreso, lo que representa, por lo menos, una impugnación de la Asamblea, una manera de deslegitimarla, de no considerarla como intermediaria legítima entre él y la Nación o entre él y el pueblo.

Eso no es algo habitual en los presidentes argentinos, ya que la gran mayoría dieron sus discursos de asunción frente al Congreso, excepto Hipólito Yrigoyen en 1916, cuando asumió, que mandó el discurso por escrito al Congreso, para demostrar su oposición a un cuerpo con el que siempre tuvo una relación muy conflictiva, y donde Yrigoyen consideraba que estaba lo que llamaba “el régimen”, todo aquello que venía del pasado y que él consideraba ilegítimo, mientras que él se presentaba a sí mismo como un representante de “la causa”.

La causa versus el régimen es uno de los aspectos más populistas del gobierno de Yrigoyen, y acá hay un gesto muy similar de Milei, por más que le pese, porque, justamente, una de las cosas que suele decir Milei en sus discursos es que en 1916 empezó la decadencia de la Argentina. Entonces, seguramente, es un gesto involuntariamente similar al de Yrigoyen, y sin duda en los dos casos hay algo de carácter más bien populista, al impugnar a los representantes del Congreso como legítimos representantes del pueblo.

La dureza del discurso y la propuesta de un ajuste drástico no es inédito, hay muchísimos presidentes en la historia que lo han hecho. Muchísimos tuvieron que decir que era preciso realizar un ajuste, un esfuerzo, un plan de estabilización. Eso es algo bastante común.

El discurso de Menem de 1989, por ejemplo, en el que seguramente Milei se habrá visto reflejado, dice lo mismo: se viene un ajuste drástico, vamos a tener que hacer todos un gran esfuerzo. La única diferencia es que Menem dice que todos tienen que hacer un gran esfuerzo, mientras que Milei en su discurso del domingo tuvo como una cosa media dual: por un lado, decía que el ajuste lo iba a pagar la casta política, por el otro, decía que iba a haber inflación y estanflación, lo que trasluce que en realidad es un esfuerzo más colectivo.

Tampoco es inédito que se presente a sí mismo como refundacional, como quien viene a inaugurar una nueva era, porque la gran mayoría de los presidentes se presentaron a sí mismos como refundacionales y dijeron que venían a construir una nueva Argentina, a inaugurar una nueva era. En esto la verdad es que Milei no fue muy original, lo podemos encontrar en Yrigoyen, Perón, Roca, en la mayoría de los presidentes militares, en Alfonsín, Menem, Néstor Kirchner, Mauricio Macri, Alberto Fernández.

Todos los presidentes de la Argentina suelen verse a sí mismos como refundacionales, y lo que diferencia cada uno de esos discursos refundacionales es con qué pasado están tratando de romper. Son todos refundacionales, pero todos ponen el corte, o rompen con distintas imágenes del pasado.

Una cosa es con la que está tratando de romper Alfonsín, que es con el pasado dictatorial, de pujas facciosas, de golpes militares; otra con qué buscaba romper Néstor Kirchner, que hablaba del pasado neoliberal, y otra cosa es con la que busca romper Javier Miléi, que desde su perspectiva es terminar con 100 años de decadencia, ya que según su perspectiva en 1916 empezó en Argentina lo que él llama el colectivismo y ahora volvería una era liberal, por llamarla de alguna manera. Esa sería su postura, pero la idea de que está fundando una nueva Argentina no es nada nueva.

En general, el discurso no tuvo una gran diferencia en relación con otros discursos de asunción, como se podía presumir teniendo en cuenta lo inédito del personaje. Es decir, un presidente que se reivindica como libertario, que eso sí es algo inédito en la historia argentina, y que llega al poder en una construcción muy rápida, sin estructura, que también es algo inédito, pero más allá de esas cosas, su discurso tuvo más continuidades que rupturas.

Luego durante el trayecto ¿cómo lo viste, eso de ponerse a jugar con un perro, bajar a saludar?

Mostrarse como un igual es algo que Milei hizo durante toda la campaña. Sus formas de jugar con el enojo, de movilizar emociones también estaban relacionadas con ese intento de mostrarse cercano o parecido a la gente.

Antes hablabas de Roca, que de hecho fue mencionado en el discurso

Roca es un personaje de la historia argentina que fue reivindicado por prácticamente todos los partidos políticos durante el siglo XX, tanto por gobiernos democráticos como por gobiernos dictatoriales. Roca siempre ha sido una figura muy transversal: peronismo, radicalismo y los gobiernos militares no han criticado a Roca.

En los últimos veinte años empezaron a aparecer críticas a la figura de Roca en relación con su rol en la llamada conquista del desierto por las atrocidades que se cometieron contra las comunidades indígenas en ese contexto, pero la reivindicación de Roca como figura presidencial es también algo que goza de cierta continuidad con las tradiciones políticas argentinas del siglo XX.

Lo que me parece clave en torno a los personajes que reivindicó en su discurso: Alberdi, Roca, Avellaneda, Sarmiento, es que son todas figuras que pertenecen a lo que se conoce como la Argentina liberal, el consenso liberal de la segunda mitad del siglo XIX, que es el momento con el que busca afiliarse Javier Millei, son todas figuras liberales y no libertarias

¿Por qué destaco esto? Porque la gran diferencia entre el liberalismo y el libertarianismo es que el libertarianismo es antiestatista, sospecha permanentemente del Estado, y Millei se presenta como libertario. Ahora, todas estas figuras que ha reivindicado, que son liberales, son justamente quienes construyeron y consolidaron el Estado Argentino. los que armaron el sistema impositivo, los que armaron la burocracia, los que vieron a la educación pública como el motor del progreso. Evidentemente hay cierta tensión entre lo que reivindica Millei y ese liberalismo que construyó el Estado.

 

A poco de andar, en esta primera semana ¿cuánto de toda esta construcción, sigue vigente en lo que han sido estos primeros días de ejercicio concreto del poder? 

Bueno, la realidad es que en ese primer discurso, más allá de decir que se venía un gran ajuste fiscal, Millei no dio muchas pistas sobre el programa de gobierno, no dijo efectivamente qué era lo que se iba a hacer, eso sí es una diferencia con otros presidentes, que fueron más claros en usar ese primer discurso para marcar un rumbo, para dar pistas de un programa.

El discurso de Millei fue un discurso mucho más parecido a los discursos de campaña. Entonces, lo que cambia en estas 72 horas es que empezamos a ver cómo iba a tomar forma ese programa, cuáles eran las medidas concretas que se iban a tomar para este ajuste fiscal. Y obviamente en estas primeras 72 horas se empiezan a ver dosis cada vez mayores de pragmatismo político Se empezó a mostrar la transgresión a ciertos límites ideológicos que parecían ser límites que Millei no iba a transgredir. Pienso, por ejemplo, en la reposición del impuesto a las ganancias, las retenciones, la posición en relación con China, la posición en relación con Brasil, la revisión de esas posiciones que parecían ser tan taxativas durante la campaña.

Entonces, en estas 72 horas lo que se empieza a ver es un Millei que tiene que ceder ciertas convicciones ante la realidad. Uno podría decir a lo Weber, entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad, que por momentos Millei deja las convicciones pensando en las consecuencias que un programa atado a sus convicciones podría traer para la gobernabilidad.

 

Sobre Camila Perochena

Es Doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires. Magister en Ciencia Política por la Universidad Torcuato Di Tella y Profesora de Historia por la Universidad Nacional de Rosario. Su tesis de doctorado se centra en los usos de la historia durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en Argentina (2008-2015) y Felipe Calderón en México (2006-2012). Se desempeña como profesora en el Departamento de Estudios Históricos y Sociales. Realiza trabajos de divulgación histórica en el diario La Nación y el canal LN+. Es cocreadora de los podcasts “La Banda Presidencial” y “Hay que pasar el Invierno” de La Nación.