El Centro Cultural Recoleta vuelve a posicionarse como un punto clave en la escena artística de Buenos Aires. Con una programación que apuesta por el cruce de lenguajes, la experimentación y la revisión crítica del pasado, el espacio reafirma su identidad como un laboratorio cultural donde conviven tradición y vanguardia.
La exposición Lluvia ácida reúne a 38 artistas que, con humor, parodia y sátira, reconstruyen fragmentos de la historia cultural del Recoleta. Las obras —organizadas en tres salas según núcleos temáticos— permiten reconocer los vínculos entre las artes visuales y el cómic, dos lenguajes que encontraron en el Recoleta un terreno fértil para el cruce y la experimentación. La curaduría de Marcos Krämer destaca el rol del centro como impulsor de este tipo de diálogos desde sus comienzos.
A la vez, el centro cultural celebra las cinco décadas de literatura de César Aira con la exhibición de las primeras ediciones de sus 123 libros publicados hasta marzo de este año. El homenaje no solo recorre la obra de uno de los autores más prolíficos del país, sino que pone en primer plano el diseño editorial de sus libros como reflejo de su estilo libre y lúdico. Según los curadores Diego Cano y Germán Coppolecchia, cada portada es también una ventana al universo literario de Aira: un espacio de invención perpetua, donde el sentido se desborda en cada página.
Por último, la Sala Histórica del Recoleta propone una mirada profunda sobre su pasado. Dividida en tres partes, combina una línea de tiempo del edificio —que fue convento, hospital y academia antes de transformarse en centro cultural— con microhistorias de sus primeras décadas como institución artística. Además, incorpora una sala rotativa de homenajes, que desde marzo recuerda a Narcisa Hirsch, pionera del cine experimental argentino, con la proyección de Canciones napolitanas (1970). Así, el Recoleta se reinventa una vez más como archivo vivo de las imágenes, las palabras y los cuerpos que lo atravesaron.