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Andrés Duprat: “El arte empieza hablando de lo particular, pero termina hablando de problemas generales de la humanidad, ese es su poder”

Hasta el 11 de febrero de 2024 en el Padiglione d’Arte Contemporanea de la ciudad de Milán se presenta «Argentina. Lo que la noche le cuenta al día», una mega exposición de arte argentino, conformada por instalaciones, videos, esculturas, performances y fotografías,  creadas por más de veinte artistas argentinos de diferentes generaciones a lo largo […]

Hasta el 11 de febrero de 2024 en el Padiglione d’Arte Contemporanea de la ciudad de Milán se presenta «Argentina. Lo que la noche le cuenta al día», una mega exposición de arte argentino, conformada por instalaciones, videos, esculturas, performances y fotografías,  creadas por más de veinte artistas argentinos de diferentes generaciones a lo largo de los últimos cincuenta años.

Con curaduría de Andrés Duprat, director del Museo Nacional de Bellas Artes, y del italiano Diego Sileo, director artístico del PAC, la exposición  se desarrolla a lo largo de tres ejes: ironía, literalidad y citación, presentando diferentes enfoques para la representación de una cultura a menudo caracterizada, tanto en el pasado como en la actualidad, por formas de violencia.

Para conocer algunos detalles más de esta muestra, que intenta también narrar y poner en evidencia los diferentes aspectos y formas de expresión de un país que durante años fue el principal destino de las grandes migraciones europeas, Palabras dialogó con Andrés Duprat.

 

¿Por qué “Argentina. Lo que la  noche le cuenta al día”? ¿Qué los llevó a  escoger la novela de Bianciotti como nombre de esta mega exposición?

Elegimos el título Argentina. Lo que la noche le cuenta al día, tomado de una novela del escritor argentino Héctor Bianciotti, que falleció en París y desarrolló su carrera literaria en París, incluso escribiendo en francés, porque en esa novela él cuenta su infancia, su adolescencia y su ida desde Argentina a Europa en un viaje inverso al que hicieron sus padres, que eran italianos, piamonteses, que emprendieron el viaje a la América en busca de un mejor futuro. 

Él hace el recorrido inverso y esa relación con Europa nos parece que está muy presente en el imaginario del arte y la cultura argentina. Borges tiene una frase muy buena, que es que “Los argentinos se creen europeos en el exilio” y hay algo de eso, y lo digo con cierta mea culpa, en que Argentina siempre se pensó mirando a Europa, como perteneciente a la cultura europea y sólo recientemente, en los últimos 20 años, empezó a tener cierta conciencia de su pertenencia a Latinoamérica, con toda la riqueza que eso significa. 

También nos pareció muy bella esa metáfora porque lo que La noche le cuenta al día también da idea de una cosa binaria, de opuestos, la noche y el día, la noche como la oscuridad, lo ominoso, lo que no se puede mostrar y uno lo puede relacionar con los períodos oscuros de la Argentina; la violencia, las dictaduras, etc. Creo que la sociedad, y en Argentina eso es patente, está compuesta por la noche y el día en ese sentido metafórico: hay luces, hay brillo, la argentina es una sociedad muy interesante, muy activa y atractiva, pero a la vez tiene sus sombras y sus lados oscuros. 

¿Por qué escogieron la violencia y sus distintas manifestaciones como tópico o hilo conductor?

Había que elegir algún tema que nos permitiera hacer una selección de obras y artistas modernos y contemporáneos, pues obviamente es imposible incluso pensar en la idea de una representación total del arte argentino en el exterior, siempre hubiera sido insuficiente, parcial. Entonces se nos ocurrió con Diego Sileo, el co-curador italiano de la muestra, abocarnos a una característica de las producciones argentinas que tiene que ver con las distintas formas de expresión de la violencia, pero la violencia no en el sentido literal necesariamente, no es que es una muestra estrictamente de arte político, sino la violencia que está impresa en un montón de situaciones, desde las más grotescas como el exilio, la muerte, las dictaduras militares, hasta las más sutiles, como las cosas que no funcionan, la hipercrítica, las idas y vueltas de situaciones opuestas, como los gobiernos de los últimos años en Argentina. 

Creo que el artista argentino es muy lúcido en el análisis de la realidad, no sé si por la influencia del psicoanálisis también, pero es una idiosincrasia muy cargada de ironía, de humor, que creo que tiene que ver con una de las formas de sobrevivir a ciertas situaciones difíciles.

¿Cuáles fueron los criterios rectores a la hora de realizar esta selección, que aunque entendemos no pretende ser una síntesis de la historia del arte argentino de los últimos 50 años, de alguna manera termina generando también ese recorrido?

La idea era mostrar un panorama de arte contemporáneo argentino al público de Milán. Es una muestra muy trascendente y muy importante para la Argentina y para los artistas argentinos, y el núcleo mayoritario de la muestra son artistas de la generación intermedia, pero nos parecía importante dar contexto a esas producciones con algunas obras y artistas claves de la historia reciente del arte en el país, diría del arte moderno, a partir del arte que se produce desde la mitad del siglo pasado, que sirven de alguna manera como marco de referencia, o líneas de trayectoria para, a partir de ahí, hilvanar las producciones contemporáneas. 

En esa línea, la muestra comienza con una serie de obras de Lucio Fontana, que también es un artista paradigmático, pues es un artista Italo-Argentino. Nació en Rosario, desarrolló su carrera en parte acá, y luego hizo todo ese desarrollo en Europa con los conceptos espaciales, con los agujeros y los tajos en las telas. Entonces, de Lucio Fontana, que me parece un artista que une Italia y Argentina, mostramos tres dibujos hechos en Argentina en el 46, donde es inminente el paso siguiente, se entrevé, y después una pintura del 59, cuando él ya está en Europa sentado haciendo todo ese desarrollo. 

Luego, entre otras obras históricas, está La civilización occidental y cristiana de León Ferrari, que es una obra del 65, una obra icónica del arte argentino, que es un Cristo de santería crucificado sobre una maqueta grande de un bombardero norteamericano, de los que usaba Estados Unidos en la Guerra de Vietnam.

También hay obras de Alberto Greco, unas acciones performáticas que hizo en Roma, justamente en el año 63, que se llamó Cristo 63; hay videos y libros prohibidos de Marta Minujín, de una obra también icónica del arte argentino, que hizo en el 83, cuando terminó la dictadura militar, que fue El Partenón de libros prohibidos , que era una gran estructura con la forma del Partenón, y en vez de piedras tenía ejemplares de los libros que la dictadura había prohibido, y luego se fueron repartiendo entre la gente, que fue una obra muy importante, que se hizo en el centro de Buenos Aires, en la Avenida 9 de Julio. 

 

Finalmente, hay una fotoperformance de Liliana Maresca, otra artista muy interesante de los 90, posdictadura, que se llama Maresca se entrega todo destino, y que es ella misma ya exponiéndose como última frontera, y con su número de teléfono. Fue una fotoperformance que se publicó en la revista Libertino, que tenía cierta circulación en el underground porteño. Esas serían las obras de referencia.

Luego están las obras de artistas contemporáneos, como Eduardo Basualdo, Mariana Bellotto, Adriana Bustos, Matías Duville, Leandro Erlich, Ana Gallardo, Jorge Macchi, Miguel Rothschild, Adrián Villar Rojas, Cristina Piffer, Liliana Porter, Nicolás Robbio, Graciela Sacco, Alessandra Sanguinetti, Tomás Saraceno, Mariela Scafati y Juan Sorrentino, que presentan obras de años recientes.

De estos pocos días de contacto entre el público y la expo, ¿qué momentos, imágenes, comentarios te movilizaron o te sorprendieron?

La exposición tuvo una recepción increíble, tuvo mucha difusión en la prensa, nosotros recibimos comentarios elogiosos. Creo que hubo un entendimiento muy profundo con las producciones argentinas porque Argentina e Italia están muy cercas en el corazón y la idiosincrasia, y también porque los problemas, o las citas puntuales a la historia, reverberan después en un público que no conoce tanto la historia en detalle de una manera genérica y universal. 

Entonces uno ve un artista que muestra una situación de violencia, y la puede extrapolar a otras situaciones de violencia generales. El arte quizás empieza hablando de lo particular, pero termina hablando de problemas generales de la humanidad, ese es su poder.